viernes, 1 de agosto de 2014

Pobrecita mi Buenos Aires


Escucho el lamento de la perfidia
una bala que se alista,
un señor que acomoda los billetes
que los guarda en sus bolsillos del frac,
que mira deseoso la vulnerabilidad
de saber que todo es todo y a la vez nada
que la magia se pierde cuando se la gana
que yo ya no soy yo, sólo una triste máscara.

Miro la niebla del gris humo balancear la eternidad.
Veo el ajedrez dispuesto de las grandes maravillas de la humanidad;
yo seré el peón, tu el caballo y el rey ya no está,
perdimos la partida como se pierde todo quizás;
perdimos todo y perdimos nada a la vez
ya que nada teníamos y nada pudo ser.
¡Qué ingratitud la mía al no querer ver
que este país es libre y es esclavo a la vez!
¡Qué inocencia la mía al no poder entender
que aunque perdamos éste país no está al revés!

Pobrecita mi Buenos Aires.
Pobrecita mi Argentina.
Sólo está gobernada por los grandes
que miran desde arriba...

Mi calle, tu calle, nuestra calle está prohibida
perdí la ambición de querer ser mas grande, está pérdida.
Mi calle, tu calle, nuestra calle ya no es bendita
perdí la atención del más grande, perdí la sabiduría...

La hediondez del pantano de Buenos Aires es muy fuerte,
la estupidez del ganso es algo que tenemos inerte;
¡Qué bella es la ignorancia cuando se la tiene!
¡Qué bella es la libertad cuando se la pierde!
Perdimos la libertad, perdimos la esperanza
ya no creemos en vos, ya no creemos en nada.
Pobre es aquel que tiene pobre el alma,
rico es aquel que pierde todo sin perder nada...
Yo no sé quién soy, yo no sé dónde voy,
yo no soy de ningún lugar, sólo busco el sol;
yo no tengo documento, sólo tengo amor
y mi bandera ya no es mi bandera, es de otra nación...

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